
Has llegado recientemente para engrosar filas en el nutrido grupo de mascotas perrunas que habita en las viviendas de nuestro vecindario, del cual uno se da cuenta cuando, por ejemplo en las tardes, es sacado a pasear a la calle con la consabida correa sujetando el cuello. Pero no fue por eso que supe de tu presencia sino por tus ladridos, que más que ladridos son aullidos, y más que aullidos, es franco llanto parecido al lamento de la más triste canción. Llevas como tres semanas llorando a
margamente en arrebatos que pueden ocurrir ya durante el día, ya durante la noche temprana o la madrugada tardía.Por la forma en que están dispuestos en el terreno, los edificios de esta urbanización forman cajas acústicas que hacen que los sonidos reboten por todos lados, permitiendo que los escuchemos aunque provengan de lugares relativamente distantes. Sí me consta que no vives en el edificio donde habito porque tu dolor suena desde más lejos, pero proviene de un sitio indeterminable para mí, a pesar de haberme asomado por mis ventanas o de haber bajado al estacionamiento o recorrido las áreas circunvecinas con la idea de ubicarlo, sin éxito alguno. No sé cuáles son tu raza, sexo, color, edad, nombre y demás señas particulares, por eso si te digo perrito es simplemente para tener alguna forma de nombrarte en esta carta que jamás pondré en un buzón y de la que jamás tú o tu dueño tendrán conocimiento. Disculpa por tanto que no pueda hacer nada mejor por ti que este desahogo textual de mi propia impotencia, basado únicamente en especulaciones que me asaltan producto de escuchar tu sufrimiento.
Fuiste llevado a ese apartamento para ser mascota de alguien que quería que lo acompañaras, lo cual ciertamente es razón acostumbrada para tener mascota; pero por lo oído, esa person
a necesitada de tu presencia en su casa como que no piensa -o hace algo- respecto a tu propia necesidad de compañía cuando te deja solo para irse por ejemplo a trabajar (llanto del día), o cuando se va de rumba (llanto de la noche y la madrugada). Uno supone que los quejidos terminan cuando el fulano -pensando que fuese un varón- por fin regresa. Seguramente tú lo recibes con una alegría desmedida porque por un tiempo ya no te sentirás abandonado, y te dispensará, si acaso, algunos gestos cariñosos que no querrán saber para nada de tus vacíos y soledades, porque muy probablemente estará acariciando a un objeto que remedia su propia soledad con egoísmo. Hasta te (se) dirá qué perrito tan simpático tengo, siempre tan alegre, y si acaso te oye comenzando a llorar cuando está marchándose otra vez, se dirá mira cómo me quiere o sencillamente reflexionará un ya se acostumbrará… ¿Qué pasará con los vecinos inmediatos que sí saben exactamente dónde vives? ¿No son capaces de indicarle nada a ese fulano sobre lo que te ocurre cuando te quedas tan yermo, y si no fuese por consideración hacia ti, por lo menos para su propia tranquilidad? ¿Es tanta la indolencia? ¿O es que la respuesta del fulano pudiese ser un retrechero no se metan con mi vida, cual sería la misma d
e los vecinos de verse en una situación similar?Cómo podrías saber, perrito, que personas así creen que lo tienen todo arreglado o resuelto, siendo capaces hasta de erigirse en férreos defensores de la justicia, la verdad, la democracia o demás hierbas con que aromatizan la imagen de seres cívicos que de sí mismos imaginan, sin darse cuenta de los alcances de aquellas palabras, y para ocultarse de sombras o miedos que quién podría suponer cómo los atormentarán en sus pesadillas más profundas, cuyo significado jamás querrían vislumbrar. No lo sabes pero sí lo sientes, estimo. Y tu sufrimiento me descalabra tanto más cuanto me cuestiona con el reflejo ante el que tu doble espejo me coloca, con las durezas de mis propios abandonos: los cometidos y los padecidos, justificables o no. Y todavía más allá, cuando me hace preguntar por aquellos defectos que yo pudiera tener y de los cuales aún no he podido darme cuenta.
El jueves pasado recomenzaste el canto de tu lamento a las siete de la noche. Yo iba a realizar un ensayo del repertorio que había escogido para una presentación que tendría al día siguiente;
pero, en vez de eso y por dos horas y media, sólo estuve cantando las canciones más tristes que he compuesto. Me salió así porque, escuchándote, volví a pensar en ti, en mí y en todo esto. Creo que en el fondo tenía la esperanza de que sintieras de alguna manera que ese gesto iba dirigido a ti. Pero la última vez que entre sueños percibí el sollozo tuyo de aquel día, el reloj ya marcaba las cuatro y media de la madrugada. Probablemente tienes mejor suerte que otros más desamparados que tú, incluyendo seres humanos. Tal vez algún día terminarás por acostumbrarte a lo que te ocurre. Sinceramente no lo sé, perrito, como ya tampoco sé qué es lo que digo ni que más decir. Es que se me acabó la carta, perrito. Lo siento mucho, perrito. Adiós, perrito.



3 comentarios:
Pobre perrito... Yo mas que dueña, Mamá de mi LOU (perrito gordito, raza Beagle) se el cariño que ellos necesitan y la tristeza que les acompaña cuando estan solitos en la casa. Pobre perro, más pobre dueño que no entendió la compañía que estaba buscando.
Y algunos perritos no tienen otra misión que estar encerrados dentro de algún depósito de cualquier cosa, para alejar posibles intrusiones. Y allí están solos, por los siglos de los siglos, y llorando casi siempre, quizás por falta de alimento, o por aburrimiento. Esto pasa cerca de mi casa. Y nadie dice nada, nadie hace algo....
CECILIA: Ciertamente: pobre dueño; agregaría: pobre ser.
MARÍA FERNANDA: En casos como esos, insisto: Pobres perritos, pobres dueños (pobres seres)y además, pobres vecinos.
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