Mi apartamento se halla en una urbanización de una modesta clase media caraqueña. Allí es donde simultáneamente habito y hago gran parte de mi trabajo. Como para colmo soy casi ermitaño, podrán entender por qué paso mucho tiempo allí. Eso me ha permitido percibir cierta rutina sonora del entorno a la cual, simplemente, ya me habitué. A continuación un apretado resumen con los elementos más recurrentes, esperando que crean que yo sí trato de dormir, generalmente, entre las 2:00 am y las 9:00 am.
Comienzo a las tranquilas 10:00 pm, ya que es la hora en que comencé a escribir. Desde ahora como hasta la 1.00 am, la vecina de arriba estará usando constantemente las llaves de agua de la cocina y unas tres veces bajará la cadena del excusado. A la 1:30 am otro vecino sale a trabajar al mercado municipal y enciende el motor de su ruidosa camioneta. A las 2:30 otro más llega de su tanda nocturna cantando a todo gañote su ranchera favorita, con el reproductor de audio de su auto a todo volumen. Después de las 3:00 am, eventual como indistintamente, suenan disparos de arma de fuego, gritos de insulto o alarmas de carros estacionados en la calle. A partir de las 4:00 am, de forma inevitable aunque a lo lejos, comienza a cantar ¡un gallo! Y así hasta como las 6:00 am, hora en que le hacen un solidario relevo: primero, aves cantoras; después, loros y pericos; y por último, guacamayas, que después de las 9:00 am se largan quién sabe a dónde. Pero no hay que olvidar que a las 6:30 am casi todos los vehículos del estacionamiento empiezan a sonar, con radios y todo, así como un sempiterno como despiadado “¡apúrate, carajito!”; y el colegio
de enfrente despereza sus puertas aunque no a los niños que, no obstante, siempre jugarán medio dormidos, salvo en las dos tandas de recreo a lo largo de la mañana, y en la salida al comienzo de la tarde, que lo harán despiertos y medio.
Mención especial merecen los perritos de tres vecinos de la cuadra, cuyos ladridos cual alfileres compiten ferozmente por nuestra atención en dos momentos del día y durante una eterna hora: temprano en la mañana, cuando los dueños se van a trabajar, y en la noche temprano, cuando se aproxima la hora de su llegada. Igualmente a lo largo del día, como en alternante “danza” suelen sonar: el megáfono del vendedor ambulante de plátano maduro, el vociferar del amolador (ya no usan el pitico) o del vendedor de escobas, y la fulana marchantica del vendedor de helados (dos veces por día). Tampoco es extraño que cualquier fulana o mengano, se ponga a chillar desde la calle el nombre de un(a) amigo(a) que vive en el piso “N” (hay más sazón si vive en pisos altos) para que le abra la puerta o baje de una vez. Es usual que cualquier vecino encienda el televisor o el equipo de audio a decibeles destapa cañerías, para poder “oírlo” cómodamente mientras da vueltas por toda la casa. La medalla de oro pudieran otorgársela a alguien de dos edificios más allá, aprendiz de baterista, quien como a las 4:00 pm empieza a repartir sin misericordia palazos a diestra y siniestra (después de un año –luz- su ritmo ha mejorado
notablemente). Ya cercana la noche, con la vuelta de la mayoría a sus casas, se dejan oír efusivos saludos de bienvenida en italiano, portugués y castellano.
Comienzo a las tranquilas 10:00 pm, ya que es la hora en que comencé a escribir. Desde ahora como hasta la 1.00 am, la vecina de arriba estará usando constantemente las llaves de agua de la cocina y unas tres veces bajará la cadena del excusado. A la 1:30 am otro vecino sale a trabajar al mercado municipal y enciende el motor de su ruidosa camioneta. A las 2:30 otro más llega de su tanda nocturna cantando a todo gañote su ranchera favorita, con el reproductor de audio de su auto a todo volumen. Después de las 3:00 am, eventual como indistintamente, suenan disparos de arma de fuego, gritos de insulto o alarmas de carros estacionados en la calle. A partir de las 4:00 am, de forma inevitable aunque a lo lejos, comienza a cantar ¡un gallo! Y así hasta como las 6:00 am, hora en que le hacen un solidario relevo: primero, aves cantoras; después, loros y pericos; y por último, guacamayas, que después de las 9:00 am se largan quién sabe a dónde. Pero no hay que olvidar que a las 6:30 am casi todos los vehículos del estacionamiento empiezan a sonar, con radios y todo, así como un sempiterno como despiadado “¡apúrate, carajito!”; y el colegio
Mención especial merecen los perritos de tres vecinos de la cuadra, cuyos ladridos cual alfileres compiten ferozmente por nuestra atención en dos momentos del día y durante una eterna hora: temprano en la mañana, cuando los dueños se van a trabajar, y en la noche temprano, cuando se aproxima la hora de su llegada. Igualmente a lo largo del día, como en alternante “danza” suelen sonar: el megáfono del vendedor ambulante de plátano maduro, el vociferar del amolador (ya no usan el pitico) o del vendedor de escobas, y la fulana marchantica del vendedor de helados (dos veces por día). Tampoco es extraño que cualquier fulana o mengano, se ponga a chillar desde la calle el nombre de un(a) amigo(a) que vive en el piso “N” (hay más sazón si vive en pisos altos) para que le abra la puerta o baje de una vez. Es usual que cualquier vecino encienda el televisor o el equipo de audio a decibeles destapa cañerías, para poder “oírlo” cómodamente mientras da vueltas por toda la casa. La medalla de oro pudieran otorgársela a alguien de dos edificios más allá, aprendiz de baterista, quien como a las 4:00 pm empieza a repartir sin misericordia palazos a diestra y siniestra (después de un año –luz- su ritmo ha mejorado
Por último tenemos que muy frecuentemente, entre las 6:00 pm y 9:00 pm, hay cierto trovador del piso dos que se pone a componer o ensayar sus canciones acompañándose de guitarra. A pesar de que lo hace acústicamente y del cuidado que me consta que pone en eso de cerrar puertas, ventanas y cortinas, de vez en cuando alguien se lo consigue por un pasillo del edificio y le comenta: “Anoche te escuché mientras cantabas”. ¡Si vieran cómo se sonroja!



6 comentarios:
¡Magnífico!
Me hace extrañar a mi país.
Me han encantado todas tus entradas.
Julia
Julia: Ciertamente, cuando estamos aquí o despotricamos o somos indiferentes, pero cuando estamos lejos cómo lo extrañamos. ¿Naturaleza humana? Gracias por tus comentarios
Me divertí mucho con tu escrito.
SUGERENCIAS U OPCIONES
1.Mudarte a Galipan, (alli solo escucharías la sección ÄVES¨
2.Tapizar de corcho de 10 c.m tooda la casa, incluso las ventanas.
3.Salir a divertirte en horario amplio, o divertirte con todos los episodios cotidianos.
SUERTE!!
Cecilia: Lamento mucho que la opción de Galipán no esté a mi alcance.He probado con los corchos, pero sólo para el estudio de grabación (mejora bastante, pero nada con los perritos).Y sí me divierto, aunque en la casa,porque siempre hago muchas cosas aquí; aunque ya me he acostumbrado a esos sonidos...ya me parecen hasta muy simpáticos. Besos.
Saludos Compañero de Música y de Poesía!! (aún no se si de Historia, para completar esas tres magnificas características de los hombres que pueblan el "PLAYA GIRÓN" de Silvio)
He logrado identificarme con lo que has expuesto. A mi también me ha dado aveces por revisar minuciosamente cada sonido, para penetrar en la cotidianidad de las cosas, y en muchos casos de mi ciudad.
Vivo en una ciudad como cualquier otra, en vía de colapso total he inevitable; Mérida (Venezuela) que hasta hace poco fue un lugar habitable para las personas -hoy lo es para los autos- es hoy un mar de átomos frenéticos bailando al ritmo del ajetreo.
(Casualidad que justo en el momento que estoy escribiendo esto, un trueno me hizo saltar de la silla)
Pero uno se acostumbra, y como le respondes a Cecilia, esos sonidos llegan a ser hasta simpáticos.
Las vacaciones en Mérida suelen ser muy silenciosas, pero terriblemente solitarias; en primer lugar porque disminuye el aporte de mujeres hermosas de la universidad, que desfilan deliciosamente cada día por las pasarelas improvisadas de las aceras y los pasillos de autobus -entre otras cosas-.
De cualquier forma, los sonidos de la urbe también son canción, o al menos son suceptibles de serlo si se saben escuchar; son la canción protesta del Stress y de los cordones de miseria que ya tienen nudos bajo la tierra; pero también son canciones de amor, de los besos que se esconden detrás de un árbol en cualquier parque.
Por suerte aquí se puede disfrutar de relativa paz a partir de las 9pm, hasta el momento en que ronca el motor de del primer autobus del del siguiente día; despertador urbano!
Te felicito por este espacio Carlos, y te llamo así porque despues de haber leío buena parte de lo que has publicado aquí, no puedo más que sentirme tu amigo y ofrecerte mi amistad de trovador.
Seguiremos en contacto! Néstor David
Nestor David: Los encuentros son otra manera de realizar lo humano cuando lo humano prevalece en el encuentro; y más que una manera, es una necesidad.
Lo de los sonidos es, además de posibilidad de canción, una expresión del estar atentos tanto hacia el adentro como hacia el entorno: no sólo para contemplarlo, sino también para interactuar con él, dejar un poco de nosotros y hacer nuestro mejor ejercicio de vida. Tenemos la magia de la sensibilidad y disponer de ella constantemente siempre es un crecimiento.
Gracias, Nestor David, por los comentarios, por compartir tus impresiones y por tu confianza. Yo también acepto.
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