domingo 20 de abril de 2008

El Alma de un Ratón


Leo Leonni escribió un precioso cuento titulado “Frederick”, que resumo así:

En una granja, un grupo de ratones trabajaba recolectando alimentos para cuando vinieran los fríos días de invierno. Todos menos uno, que sólo se concentraba en percibir colores, aromas, sonidos, texturas, sabores… Los demás le reclamaban su falta de colaboración. Por fin llegó el invierno que resultó muy largo, las provisiones se agotaron y el ánimo general decayó. Fue cuando Frederick compartió con ellos, a través de la palabra, todas las sensaciones que había recolectado meses atrás. Y durante el resto del invierno todos se sintieron plenos con el compartir de aquella palabra. Le dijeron: Pero es que tú eres un poeta. Y Frederick, ruborizado, respondió: Sí, lo sé.

A finales de 1979, hecho una gelatina –como me sucede en esos casos hasta hoy- esperaba que el presentador terminara de pronunciar mi nombre para salir, sin previa prueba de sonido, hacia lo que sería mi estreno como trovador sobre un escenario. Era un acto de solidaridad con presos políticos, realizado en la Universidad donde estudiaba, y participaría con dos temas propios. En esos pocos segundos vino a mi mente el fogonazo de la primera vez que canté delante de alguien una canción mía: 1977.

Los amigos del bachillerato nos reuníamos mucho en casa de Manuel, y era frecuente que sacaran una guitarra y entonáramos canciones del repertorio popular. Sabiendo que un sábado siguiente habría otra de tales reuniones, decidí que sería entonces cuando por fin me atrevería a cantar tal vez dos de las seis canciones que ya engrosaban mi repertorio autoral. Y ensayé hasta la locura. Y llegó el sábado. Y ya teníamos como una hora entre pasajes llaneros y pop latino. Y durante todo ese tiempo el corazón era coctelera de mis nervios. Al cabo anuncié la canción, cerré los ojos y abrí el alma. Cuando terminó el sonido del último acorde, refugié en el piso la mirada. Y escuché la voz de Alina amablemente diciendo: “Bueno, ahora canta una que nos sepamos todos”.

El cuento de Leonni llegaría amorosamente a mi vida muchos años después, y juro que deseé fervientemente haberlo recibido muchísimos años antes: cómo me hubiese ayudado a sentir y a comprender mejor tantas cosas que ocurrían en mí y en mi entorno. Será que me tocó compartir la suerte de las personas para quienes los caminos del descubrimiento y la reafirmación, la creación y la creatividad, o del hacer desde el ser, tuvieron un comienzo nebuloso, desconcertante, espinoso y hasta laberíntico. Pero eso fue algo que luego iría encontrando su propia solución, cauce y expresión; por ejemplo, cuando empecé a saber de Bob Dylan, Silvio Rodríguez, Chico Buarque, Serrat o Alí Primera (entre tantos); aunque de una manera más palpable para mí cuando salí de aquel escenario del 79, después del público, los reflectores, el micrófono y dos canciones.

En la antesala se encontraba la organizadora del evento, quien me recibió con un cálido abrazo, una pegunta y una exclamación. A la última respondí con un muy sencillo “gracias”, el cual sé que sonó en sus oídos (y en los míos) como el sincero “sí, lo sé” de Frederick.
- ¿Esas canciones las hiciste tú?
- Sí.
- ¡Pero es que son canciones del alma!

10 comentarios:

Néstor dijo...

La modestia es engañosa, aveces puede ser una manifestación muy creativa de la arrogancia. Por eso nos ruborizamos, porque nos sabemos miserablemente arrogantes.

Néstor David

Carlos Jaeger dijo...

Nestor David: Creo que la modestia no es engañosa. Sí lo es la persona que se viste con un ropaje de modestia para encubrir, por ejemplo, su arrogancia. Claro, queda el asunto de cómo saber distinguir entre lo verdadero y lo falso; acaso una intuición alerta ayude. En lo que a mí concierne, el hecho de que una persona sepa reconozca, acepte y exprese (simple y dignamente) quién realmente es, nunca podría considerarlo como una inmodestia. Gracias por tu siempre bienvenido comentario.

luiser dijo...

"Son canciones del alma". Eso mismo pensé cuando escuché "Poetas" por primera vez en el 92... Me encantó tu historia.

Carlos Jaeger dijo...

Luiser: Con el añadido, en el caso de "Poetas", de que ahí moraron juntas las almas de los poetas musicalizados con las de quienes participamos en la elaboración de ese disco. Gracias por tus expresiones.

cecilia dijo...

Me pareció lindísimo el cuento, no lo conocía, y tus canciones son del alma, de la vida y de todo lo visible e invisible que se encuentra bajo la piel.
Para Nestor...puedes tener razón en tu apreciación, pero te juro que las de Carlos son verdaderas... te lo digo yo que lo conozco desde el dia que nací.

Ceci

Carlos Jaeger dijo...

Cecilia: Eh..., Ah..., Um... Creo que me has dejado sin palabras (algo que no hubiera pensado en el contexto del título de este blog). Gracias, gracias.

Néstor dijo...

Saludos!!!!
Que tal Carlos?

Estoy de acuerdo con lo que dices, pero no me referia realmente a la hipocrecia con que se puede manejar alguien utilizando la modestia como un arma inocentemente terrible.
Más bien, trato de verlo como una reacción inconsciente de nuestra mente cuando se llega al momento de ser modesto.
El "ratoncito" se sabia poeta, y todos los que nos manejamos en algún arte nos sabemos creadores de algo; cuando llega el momento de demostrar nuestro arte nos invade (debo acotar que estoy reflexionando desde un punto de vista muy subjetivo y en base a experiencias propias) una especie de angustia, porque quizá el solo hecho de mostrarse a los demás como un creador,nos eleve un poco el ego. El ego es terrible y justo en ese momento la reacción de los inconscientes más humildes es la de la modestia y la de roburizarse.
La verdad es que no es fácil, es una encarnizada lucha interna.
Es algo que he venido reflexionando desde hace tiempo, desde el día que me tocó leer en público algunos de mis poemas en un recital de poesía de la universidad, me dijeron que eran muy buenos y realmente me sentí como el ratoncito, "yo lo sabia" pero además del gracias ruborizado le dije que realmente no eran tan buenos, sólo diferentes.

Y a Cecilia: Saludos también!!
estoy totalmente de acuerdo contigo.
Sólo una vez tuve la oportunidad de ver a Carlos cantando alguna de sus canciones en televisión,y pude percibir por sus letras y por la emanación comunicacional de los gestos corporales, que se trataba de un trovador, de un trovador sencillo y modesto. Aprecio mucho su trabajo y el sólo hecho de que el esté pendiente de responder cada comentario que le enviamos, es una demostración de que no es un ser "divino e intocable" como pretenden serlo muchos artistas, sino un poeta en todo el sentido de la palabra.

Te mando un beso Cecilia y a ti Carlos un abrazo!! estamos en contacto pues.

Néstor David

cecilia dijo...

Para Nestor...
Cariños.

Para Carlos...
Besos.
Para los dos...
Éxito

Ceci

Carlos Jaeger dijo...

NESTOR: Estoy bien, amigo, y apreciando enormemente tu interés y vehemencia. Celebro que compartas aquí tus ideas y pienso que el debate y la reflexión comunes siempre son enriquecedores. Ciertamente el inconsciente siempre hará de las suyas. En el caso de las personas que asumen la expresión artística como forma de su hacer en el mundo, me resulta natural que lo inconsciente también entre en juego, porque también es parte de nuestro ser. Hablas del ego, que de por si no lo considero ni malo ni bueno: solamente es. Tal vez los problemas empiecen cuando sobredimensionamos el ego (o se nos sobredimensiona por no hacer el esfuerzo de darnos cuenta), por un lado; y por el otro, cuando menospreciamos (conscientemente o no) al ego, caso -por poner un ejemplo- de la baja autoestima. En el caso de Frederick, no aparece por ningún lado en la historia del cuento que él ande restregándole a todo el mundo lo buen poeta que creyera ser (arrogancia); antes bien, él simple y hasta humildemente sólo reconoce quién realmente es: un poeta. Cada quien busca su centro de la mejor manera que puede, y desde ahí querrá expresarse. Es un asunto de querer darse cuenta y de la propia ética. Por cierto, gracias por tus impresiones, ojalá algun día pudiéramos leer tus poemas.

CECI: Besos y éxitos también para ti.

Néstor dijo...

Ya les haré llegar alguno(s) de mis poemas!!!

Abrazos!!