martes 8 de abril de 2008

Detergente o Pasta Dental


En una monumental oficina de aquel monumental y poderoso sello disco discográfico, un escritorio monumental me separaba de tres monumentales butacas, en las cuales se hallaban ubicados tres ejecutivos que querían parecer más monumentales todavía, y quienes no hacían el menor esfuerzo por disimular su impaciencia para apurar una respuesta mía. Y ahí estaba yo, sentado en esa silla, mirando a esas tres miradas que me escrutaban, a punto de darla.

En 1983 había ganado, interpretando una canción propia, el Tercer Festival de la Voz Ucevista (mejor voz masculina) realizado en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, y en representación de la Escuela de Derecho. Al final del evento, en medio de la celebración, una persona se me acercó, me entregó una tarjeta y me dijo que lo llamara porque había una propuesta que era de mi interés. Alguien a mi lado dijo: ahora sí te resolviste la vida, Carlos.

Llegué a la cita con una grabación casera (guitarra y voz) de mis canciones, algunas fotografías, una sensación de asombro- susto-alegría por lo que estaba ocurriéndome, toda la ingenuidad del mundo, y sin una remota idea de cómo debería desenvolverme. Pase adelante, joven, que lo están esperando.

Todo ocurrió muy rápidamente, aunque fui percibiéndolo como en cámara lenta. ELLOS: Estamos interesados en tu voz y en tu imagen. Aquí tenemos un contrato para que lo firmes ya y empieces a trabajar para nosotros. YO: Aquí traje unas canciones mías para ver si ustedes… ELLOS: No te preocupes por eso. Nosotros tenemos nuestros compositores, nuestros arreglistas, nuestros músicos, nuestros estudios, nuestras fábricas y todo lo demás. Vamos a asesorarte en todo: cómo vestirte, qué decir, qué cantar, dónde cantar… YO: Pero me gustaría incluir al menos algunas canciones mías. ELLOS: Nosotros sabemos qué es lo mejor para ti, así que no tienes por qué pensar en nada. YO: Pero ni siquiera las han escuchado. ELLOS: En esta compañía nosotros no hacemos detergente o pasta dental porque preferimos hacer discos, sabemos cómo hacerlos, nuestros productos son de muy buena calidad y sabemos qué hacer para que funcionen comercialmente. Tú sólo haz lo que te decimos y verás cuán bien va a resultar todo. YO: (silencio). ELLOS: Mira, muchachito, ¿acaso te imaginas cuántos como tú quisieran estar sentados ahora en esa silla? ¡Decídete de una buena vez: aceptas o no!

En la calle el ruido me resultaba insoportable, así como doloroso cada paso que debía dar. Era acaso por haber comenzado a intuir lo que sería de allí en adelante. Pero quién era yo para calentar inútilmente el asiento de otra persona, o generar la impaciencia de gente tan ocupada en decretar el mundo. Tal vez simplemente alguien que sólo sabía que sus canciones nunca servirían para lavar la ropa o cepillar los dientes.